Introducción
Las siguientes líneas, se proponen acercarnos al concepto de Nativos Digitales y su contraparte los “inmigrantes”, una categoría que trata de explicar los desencuentros entre jóvenes y adultos, especialmente aquellos en que las tecnologías operan como factor diferenciador.
Para esto vamos a recurrir previamente al precursor texto de Margaret Mead “Cultura y Compromiso”. No es antojadizo comenzar por la obra de Mead, pues su descripción de las culturas pre-figurativas es más que sugerente.
En las siguientes líneas reflexionaremos sobre pautas que nos ayuden a pensar como los adultos se sienten como los inmigrantes que llegaron a una nueva tierra, donde trabajaron siguiendo los parámetros de su tierra de origen y aquellos que les sirvieron para adaptarse a las nuevas condiciones, mientras que sus hijos, nacidos en esta nueva tierra, vivieron toda su corta vida en este nuevo lugar, y conocen mejor que nadie los rudimentos de esta nueva y naciente cultura. En sus padres se engendra el pasado, en ellos reside el futuro.
Serán hilos conductores de este argumento las letras de dos canciones, “Esos locos bajitos” de Serrat[1], y “Todo un palo” de Los Redonditos de Ricota[2]. Espero que hagan más amena la lectura y por sobre todo, que sirvan de ejemplo y disparadores del pensamiento.
No todo es soplar y hacer botellas
Iniciamos este recorrido con la canción Esos Locos Bajitos porque creo claramente expresa con mucha ironía la concepción que los adultos tienen de la formación. Por formación no quiero explicar los procesos de educación formal o informal, sino en grandes rasgos entender todos aquellos procesos que van configurando la subjetividad de las personas.
Vemos que en ellos reside la esperanza de que aún se puede dirigir el proceso formativo de sus hijos, y que estos hijos serán el reflejo de sus mayores, y encarnarán los sueños de ellos. Hay tanto una idea de inmutabilidad de la cultura, cuanto una concepción del mayor como dueño del saber. Así Serrat nos dice:
A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
El autor con gran maestría describe el sentimiento de las generaciones adultas respecto a la formación de los jóvenes dando cuenta de cómo los niños debían incorporarse en la cultura de sus mayores tal y como dice la canción, con los ojos abiertos de par en par, descubriendo todo aquello que estaba allí, para perpetuar y no ser cambiado.
Pero en el caso de que aquellos jóvenes rebeldes, que se negaban a seguir su legado, debían ser domesticados. Como vemos, el que sabe es el mayor, el que tiene el poder es el mayor, el que tiene algo que transmitir es el mayor, el joven solo mira, solo aprende, solo es domesticado, solo se incorpora. Ya en el último párrafo de la canción, Serrat indica
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.
Y por más que el autor intente decir que la formación es inabarcable, que tiene mucho de frustración de parte del educador pues este no puede impedir que los jóvenes crezcan, sufran, se hagan adultos, que decidan por ellos, sigue colocando el saber del lado de quien fracasa en el proceso educativo, del mayor. Y en todo caso de lo que se trata es de formar aquel mayor que es el que en fin nos va a dejar.
Muy distinta es la experiencia de la otra canción que vamos a compartir en este trabajo para comparar dos formas de ver el proceso formativo. En este caso el tema “Todo un Palo” de los Redondos. La letra comienza con una frase que luego veremos cómo es recuperada por la autora Margaret Mead.
El futuro llegó hace rato,
todo un palo, ya lo ves
Si antes pensábamos que los jóvenes encarnaban un futuro lejano, el Indio nos está diciendo que los jóvenes son el hoy, el hora, y esa revelación es algo que nos llega de golpe, que nos sorprende y nos cuestiona, nos desafía en nuestro rol de Generaciones de Adultos que se sienten las dueñas del saber. En la lírica ricotera, son los jóvenes los portadores del futuro, los dueños de lo que hay que decir, los que saben todo del tiempo que atraviesan. Ellos son el futuro hoy, y son los que están mejor preparados para el cambio.
Los cambios que estamos atravesando son de magnitudes nunca antes vistas, y están ocurriendo a escala mundial. Una de las aristas de este cambio es el surgimiento de una era digital “era de la información” que se puede definir como el conjunto de procesos y productos derivados de las nuevas herramientas[3] (hardware y software), soportes de la información y canales de comunicación relacionados con el almacenamiento, procesamiento y transmisión digitalizados de la información.
Estos cambios surgen a velocidades nunca vistas, y los adultos parecen llegar tarde a todos lados, o a no llegar a ningún lado. Para los adultos el futuro estaba incorporado a una inmutabilidad más profunda. Pasaban generaciones enteras sin ver un futuro radicalmente diferente de aquel en el que habían nacido. No es que no se produjeran cambios, pero estos no hacían tambalear las estructuras.
Por eso desarrollaron una visión en la que hay que “nos arreglamos con lo que ya sabemos”, levantamos, con materiales nuevos y mejor entendidos, edificios provisionales ajustados a los viejos esquemas.
En cambio, la nueva generación, que como todo joven es rebelde y explícita se niega a mantenerse atada a los controles que les imponen las viejas estructuras y los modelos de los mayores, son como los miembros de la primera generación nacida en un país nuevo, están cómodos en su tiempo. No conocieron una época en que las cosas no fueran como son hoy, viven en un mundo en el que los acontecimientos les llegan con toda su compleja proximidad, y ya no están amarrados por las secuencias lineales simplificadas que dictaba la palabra impresa.
Cuando observan con atención, descubren que sus mayores marchan a tientas, que abordan torpemente, y a veces sin éxito, las tareas que les imponen las nuevas condiciones. Ven que sus mayores utilizan medios inapropiados, que su desempeño es penoso, y que los resultados son, en el mejor de los casos, inciertos…. Los jóvenes no saben que es lo que se debe hacer, pero intuyen que debe haber un sistema mejor.
Vivir a tientas nos hace recordar aquel párrafo de la canción de los redondos
Veámoslo un poco con tus ojos...
El futuro ya llegó!
Esto no quiere decir sólo que los adultos añoran ser jóvenes, sino que no saben ya como deben afrontar el tiempo que les toca vivir, los ojos adiestrados son los de los jóvenes, ellos son los que saben cómo transcurrir en este mapa. Pero es un desafío para los adultos aceptar que son los jóvenes los dueños del saber.
Antaño siempre había adultos que sabían más que cualquier joven en términos de la experiencia adquirida al desarrollarse dentro de un sistema cultural. De allí que todos hayamos escuchado mil veces decir frases como: “esto te lo digo porque yo se, porque ya lo viví”, sin ningún argumento más que la apelación a la experiencia, “a las canas”, a que “el diablo sabe más por viejo que por diablo”.
Hoy esto pareciera perder valor , los adultos deben interpretar que su pasado es incomunicable, pues ninguna generación experimentará jamás lo que los adultos han experimentado, de la misma forma que nosotros no podremos experimentar lo que han experimentado estos jóvenes.
Para explicar esto Mead se refiere a las diferencias de vocabulario. Generalmente se suele recurrir a expresiones del tipo de que jóvenes y adultos hablan idiomas diferentes, pero la autora le da una vuelta de rosca a este concepto. Ella remite a que no solo los separa el vocabulario sino la inconmensurabilidad de las experiencias.
Como respuesta ella propone “estar dispuestos a escuchar las preguntas”. Los jóvenes que son los que mejor conocen este tiempo, a su vez son los que poseen las preguntas correctas que hay que hacerle. El rol formativo del adulto es el de acompañar al joven en el proceso de hallar las respuestas a esas preguntas.
Reiteramos, el adulto ya no es el que sabe más sobre la experiencia del presente, y los jóvenes no están dispuestos a aceptar por razones de autoridad los criterios para diferenciar lo buenos de lo malo. Es más, muchas veces los adultos no pueden adoptar una actitud de certidumbre para plantear imperativos a los jóvenes.
La ruptura que existe entre hijos y padres también existe entre sus amigos y los padres de estos, y entre sus amigos y sus maestros. “No hay respuestas tolerables en los viejos libros de en los textos ni en los nuevos, llamativamente coloreados y superficialmente vivificados, en los que se les puede que estudien”. En un mundo en el que no hay otros individuos versados a los que los padres puedan confiar los hijos que ellos mismos no pueden educar, los adultos se sienten inseguros en impotentes.
Siguiendo el razonamiento de Mead, desde el punto de vista de las nuevas generaciones “el pasado es un fracaso colosal, ininteligible, y es posible que el futuro no encierre nada más que la destrucción del planeta. Ante esto, están dispuestos a dejar el terreno a algo nuevo”[4].
Mead ve como posibilidades de la disconformidad y la busqueda de futuro dos tipos de reacciones de parte de los jóvenes: “aquellos que desean escindirse de la totalidad del sistema y aquellos que desean destrozar el sistema y empezar desde cero”, mientras que otros manifiestan “formas pasivas de desobediencia” como la negativa a estudiar en la escuela, a cooperar en el trabajo o a seguir la vías políticas normales. La resistencia de estos últimos jóvenes se expresa mediante el cumplimiento esencialmente despreocupado y oportunista de las reglas que se catalogan como absurdas.
Imaginando un método de enseñanza pre-figuratrivo
“Estamos en víspera del desarrollo de un nuevo tipo de cultura. Yo defino este nuevo tipo como prefigurativo, porque en esta nueva cultura será el hijo, y no el padre ni los abuelos, quien representará el porvenir”[5].
La autora localiza en el presente el futuro, son los jóvenes quienes deben “convertirse en el símbolo de lo que será la vida”. Hemos descubierto que no debemos pensar que para asegurar la continuidad de la transmisión y la corporización de lo nuevo el mejor medio es un sistema de enseñanza centrado en el aprendizaje subordinado de los niños. Debemos descubrir medios pre-figurativos de enseñanza y aprendizaje que mantengan abierto el futuro.
Debemos crear nuevos modelos para que los adultos puedan enseñar a sus hijos no lo que deben aprender sino cómo deben hacerlo, no con que deben comprometerse, sino cuál es el valor del compromiso.
Debemos encaminarnos hacia la creación de sistemas abiertos que apunten al futuro, y por consiguiente a los niños, cuyas aptitudes menos conocemos y cuyas opciones deben quedar en suspenso.
La liberación respecto del pasado depende de un nuevo tipo de comunicación con quienes están más hondamente comprometidos con el futuro: los jóvenes que nacieron en el nuevo mundo. Depende de la participación directa de aquellos que hasta ahora no han tenido acceso al poder y cuya naturaleza no pueden imaginar quienes si lo ejercen.
El desarrollo de las cultura pre-figurativas depende de que se entable un diálogo continuo, en el mejor estilo de Paulo Freire, que transmita a los jóvenes la libertad para actuar según su propia iniciativa y que al mismo tiempo valore su saber para que estos puedan conducir a sus mayores en dirección hacia lo desconocido. Sólo podremos construir el futuro con la participación directa de los jóvenes, que cuentan con ese conocimiento.
Como bien lo expresaba la canción de los Redonditos de Ricota, para construir una cultura pre-figurativa en la que el pasado sea útil y no coactivo, debemos modificar la ubicación del futuro, y citando a Mead “también en este caso nos inspiramos en los jóvenes que parecen anhelar utopías instantáneas. Ellos dicen EL FUTURO ES AHORA”[6].
Al futuro debemos ubicarlo entre nosotros, y concebirlo como algo que está aquí, listo para que lo alimentemos. Parafraseando a Mead debemos protegerlo y alimentarlo mientras crece porque de lo contrario será demasiado tarde.
Para finalizar nuestro recorrido con Mead volvamos al tema de los Redondos para pensar en el desconcierto de los mayores
Cómo no sentirme así?
¡si ése perro sigue allí!
¿Qué podría ser peor? (eso no me arregla...)
Eso no me arregla a mí!
¡si ése perro sigue allí!
¿Qué podría ser peor? (eso no me arregla...)
Eso no me arregla a mí!
¿Cómo no sentirnos así? Cómo no pensar que nadie nos necesita, que estamos fuera de onda, que no podemos ser útiles para nadie, si aún nos sentimos jóvenes, si aún nos sentimos sabios, si nos esforzamos para estar al tanto de lo último de los último.
Características de la educación de los Nativos Digitales
En segundo lugar este texto se propone como un aporte para entender algunas características e esos jóvenes que forman parte de las culturas pre-figurativas. Algunos autores los llaman Nativos Digitales, siendo su contraparte los adultos o Inmigrantes Digitales. El autor de referencia de esta parte del texto será Alejandro Piscitelli, y docente argentino autor del libro “Nativos Digitales, dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación”.
Entendemos por nativos digitales, siguiendo lo establecido por Alejandro Piscitelli, a aquellos niños y jóvenes nacidos con posterioridad a 1983, que forman parte de la cultura zapping, los videojuegos en red, el chat y los sms. Son los consumidores y productores de casi todo lo que existe (y existirá) en nuestro medio.
Vemos sin mucho la herencia de este concepto con los de Mead, PUES LOS Nativos digitales son esos jóvenes que ya nacieron con eso que nosotros conocemos como Tic’s (Tecnologías de la Información y la Comunicación), y no conocieron un mundo diferente. Ellos saben más que cualquiera de sus adultos sobre esta experiencia de vida, ven que nosotros vamos a tientas cuando se trata de enfrentarse a las Pc y la Internet. Y es a esos niños a los que tenemos que educar.
Piscitelli define a nuestro tiempo como un “mundo como transcodificación, transliteración, transmediación, configurador de un palimpsesto digital si fin”, y sostiene que allí es donde tendrá lugar la educación de los Nativos Digitales. Los tiempos cambiaron y nosotros no podemos pensar la educación del presente recurriendo a “paraísos analógicos perdidos –que nunca existieron-”, esto solo dificultará las cosas y les impedirá a las nuevas generaciones el devenir anfibias, o polialfabetizadas (que según el autor son las características necesarias para los mejores empleos del futuro donde son necesarias la versatilidad y la creatividad).
Otra característica que el autor resalta de los jóvenes es su forma de acercarse al conocimiento. Para Piscitelli y muchos otros autores, los jóvenes ya no disfrutan del relato lineal característico del texto escrito, por eso para ellos la calidad de un libro pasa por la cantidad de mundo que refleja (otras narraciones) múltiples relatos. Las instrucciones de uso de esos libros pasan por otros lugares que no necesariamente son los libros.
De modo que como regla general para la educación de los nativos digitales, “debemos diseñar estrategias antipedagógicas” para que por los productos culturales que gestemos –cada vez más multimediales- pasen cada vez más cantidades de mundo.
Sabemos muy poco de la forma de ser, hacer, pensar y expresar de de Nativos Digitales. Por suerte las tecnologías son reveladoras de los cambios experimentados por las jóvenes generaciones. Son un síntoma social porque funcionan como medios y operan como mediaciones. Las tecnologías son el entorno en el que han nacido las nuevas generaciones, y forman el eje de sus potestades comunicacionales.
Los niños están sometidos a una invasión de sus sentidos. Un aluvión de estímulos de distinto signo los interpela constantemente desde la televisión, la radio, Internet, la prensa, los videojuegos, los parques de entretenimiento, los programas de sus Pc y la publicidad, moldeando sus deseos y valores. Esto pone en cuestión el papel tradicional de la escuela como espacio principal de culturización.
Los niños utilizan la computadora en su proceso de construcción del mundo y de su identidad, ya que las emplean como desarrollo de categorías conceptuales, como medio para ejercitar su destreza, como material maleable que los ayuda a forjar su percepción de si mismos, etc. Los niños de una cultura computacional se ven afectados por la tecnología de una forma que los distingue de todas las generaciones que los han precedido.
En otras palabras, la configuración de la identidad de los jóvenes pasa por muchos lugares, la casa, el club, los amigos, la calle, el barrio, las tecnologías, y la escuela que otrora era un lugar principal de la formación, hoy solo es una instancia más. Esos son los niños que debemos ayudar a formar, unos niños que cada día menos se nos parecen.
Tenemos muchas expectativas del proceso formativo, y pocas certezas sobre el mismo. Quizás esos sea lo mejor a la hora de enfrentar a este joven que ya sabe las preguntas que hay que hacerle a su tiempo, esas que nosotros no sabemos hacer.
Afrontar un proceso educativo en el que nosotros no somos los dueños de todo el saber, en el que necesariamente vemos al otro como “otro yo”, y en el que como decía Mead lo mejor que nos queda es acompañar al joven en el proceso de hallar las respuestas a esas preguntas.
Bibliografía:
Leavis, Diego. Gutierrez Ferrer, Maria Luisa. ¿Hacia una herramienta Educativa Universal? Enseñar y aprender en tiempos de Internet. Ediciones Ciccus-La Crujía. Bueenos Aires (2000).
Los Redonditos de Ricota. Un baión para el ojo idiota. 1988.
Mead, ; Margaret. Cultura y Compromiso. Editorial Gedisa.
Piscitelli, Alejandro. Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteleigencia colectiva y arquitecturas de la participación. Editorial Santillana (aula XXI). Buenos Aires (2009).
Serrat, Joan Manuel . En tránsito. Compañía discográfica Ariola. España, 1981.
[2] La canción Todo un palo está incluida en el disco “Un baión para el ojo idiota” de Los Redonditos de Ricota.
[3] Las nuevas herramientas que se incorporan permanentemente a los distintos ámbitos sociales traen aparejado rápidos y significativos cambios de los cuales podemos destacar aquellos relacionados al ámbito laboral: la aparición de nuevos sectores productivos dedicados al diseño y desarrollo de tecnologías informáticas; la transformación de otros ya existentes por la incorporación de las tecnologías mencionadas y finalmente la desaparición de sectores y puestos laborales como subproducto de la revolución tecnológica.
[4] Margaret Mead. Cultura y Compromiso. Editorial Gedisa.
[5] Idem.
[6] Idem.